CAPÍTULO CIENTO SESENTA Y CUATRO

ISABELLA

La puerta se abre y Sarah entra. Me incorporo y la miro con esperanza. Ella niega con la cabeza y se sienta en el borde de la cama.

—No está en casa. Rocco dijo que se fue tarde anoche y no sabe cuándo volverá.

Suspiro, me dejo caer en la cama y me jalo las sábanas por encima de la cabe...

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