CAPÍTULO CIENTO SETENTA Y CINCO

MELO

Intenta ponerse de pie y le doy un puñetazo en el estómago.

—Quédate en el suelo.

Vuelve a tirarme un golpe, yo me agacho y giro el cuchillo en su muslo. Grita de dolor y yo sonrío.

—Ni de lejos tan fuerte como quiero que grites, pero me sirve.

Me vuelvo hacia Rogue.

—Por favor, átalo y a...

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