CAPÍTULO CIENTO SETENTA Y SEIS

ISABELLA

La puerta se abre justo después de que Carina se queda dormida. Melo entra con una leve sonrisa y se sienta en el borde de la cama, observándonos.

—No pensé que vinieras hoy —digo.

Él suspira y se frota las sienes.

—Lo siento por eso. Esto se suponía que iba a ser un reencuentro feliz....

Inicia sesión y continúa leyendo