CAPÍTULO CIENTO OCHENTA

ISABELLA

Estoy de pie en el balcón de la villa privada, con la brisa jugando con los bordes de mi bata de seda y con mi cabello. La estilista que acaba de irse se pondría furiosa al saber que me estoy despeinando antes de la ceremonia. Miro hacia el mar, brillante bajo el sol de la mañana, y sonrío...

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