Capítulo 4 Reuniones incómodas
Lucas había sido el novio de Olivia… su exnovio.
Era un chico con un carisma increíble, alguien a quien Olivia había perseguido sin descanso en el pasado. Sus dedos largos y elegantes se movían con tanta gracia cuando tocaba el piano. Era sobrecogedor.
Olivia abrió la galería de fotos de su celular y empezó a desplazarse por las fotos de ella y Lucas juntos. Allí estaban en el parque de diversiones, en un concierto, comiendo helado el día de Navidad, pidiendo deseos frente al árbol navideño.
—Cariño, algún día te compraré el piano más hermoso del mundo.
—Entonces usaré ese piano para dar un concierto a solas y anunciar nuestro amor al mundo.
A medida que los recuerdos la inundaban, los ojos de Olivia se llenaron de lágrimas. Pero Lucas no era rico. No podía resolver sus problemas actuales.
—Lo siento… —susurró, borrando todas las fotos de Lucas de su celular.
Secándose las lágrimas, Olivia le envió un mensaje a Esme.
Olivia: [Iré a la fiesta esta noche.]
Después de tranquilizarse, bajó las escaleras. Esperaba encontrar resistencia por parte de aquella familia estricta respecto a que saliera, pero, para su sorpresa, Celeste apenas le prestó atención.
—Voy a sacar a Sweetie a pasear —dijo Celeste, lanzando a Olivia una mirada desdeñosa—. Será mejor que vuelvas temprano. No te quedes a dormir en ningún lado, eso dañaría la reputación de nuestra familia.
Movió la mano como si espantara a una mosca molesta.
Instintivamente, Olivia apretó los puños, pero mantuvo una sonrisa en el rostro.
—Entiendo, madre. Volveré temprano —dijo, caminando hacia la puerta con pasos cada vez más apresurados.
Una vez fuera de la Mansión Howard, exhaló hondo, aliviada.
—¿Quiénes se creen que son? ¿Dragones custodiando un trono de oro? —Olivia alzó el dedo medio hacia la mansión.
Al irse, tomó un taxi para encontrarse con Esme en el lugar acordado.
El Hotel Azure Palace era uno de los más lujosos de Ciudad Esmeralda; contaba con un restaurante elegante, habitaciones cómodas y locales de entretenimiento muy populares entre la gente joven.
Olivia llegó al hotel y tomó el ascensor hasta el piso donde había quedado en reunirse con Esme.
Cuando Olivia salió del ascensor, Esme corrió de inmediato hacia ella y le dio un gran abrazo.
—¡Dios mío, mira quién está aquí! ¡Nuestra hermosa novia! ¿No trajiste a tu esposo? —Esme miró detrás de Olivia, encontrándose solo con el ascensor vacío.
—Vamos, Esme, deja de burlarte de mí. Sabes cuál es mi situación —dijo Olivia.
Su sonrisa se congeló de golpe al ver un rostro familiar.
Lucas estaba recostado contra la pared del pasillo, con una camisa blanca informal, y su mirada se desvió hacia Olivia con una expresión complicada.
Lucas se acercó a ella; su voz seguía siendo tan suave como siempre.
—Pensé que no vendrías, o que solo enviarías un mensaje.
Olivia se sintió incómoda. Cuando había terminado con él, apenas había sido capaz de enviarle un mensaje de texto entre lágrimas, ignorando todas sus llamadas después.
—Muy bien, les armé especialmente esta oportunidad para que aclaren las cosas. Quedamos en que hoy sería un día divertido para todos —Esme se metió entre ellos, tomó a ambos de la mano y los condujo hacia el salón privado.
Adentro, sus antiguos compañeros de clase recibieron con entusiasmo la llegada de Olivia.
—Escuché que Olivia se casó con Matthew. Su estatus ahora es diferente al nuestro.
—Olivia, seguimos siendo buenos amigos, ¿verdad? Si alguna vez me quedo sin trabajo, ¿podrías echarme una mano?
—Olivia, ¿cómo es la vida con los Howard? ¿Su mansión es súper lujosa? ¿Te siguen sirvientes a todas partes, como si fueras de la realeza medieval?
Todos se reunieron alrededor de Olivia, curiosos por la familia Howard, con los ojos llenos de envidia. En su mente, casarse con una familia rica garantizaba una vida maravillosa.
—Los Howard sí tienen una enorme mansión y su nivel de vida es bueno, pero no es extravagante como la realeza… —respondió Olivia con incomodidad.
Esa gente no tenía idea de que los Howard eran unos monstruos arrogantes, como salidos de la Edad Media.
Vivir en esa familia hacía que fuera difícil respirar.
De pronto, alguien miró a Olivia y hizo una pregunta que dejó a todos en silencio.
—Olivia, la gente dice que terminaste con Lucas por dinero y que te casaste con Matthew por eso. ¿Es verdad?
El salón quedó en silencio. Todos tenían expresiones extrañas. Aunque todos se lo habían preguntado, decirlo en voz alta parecía de mala educación.
El que hablaba era un chico con gafas, de aspecto más bien común.
Lucas estaba a punto de destapar una cerveza cuando oyó la pregunta. Su dedo se detuvo sobre la anilla.
La sonrisa de Olivia desapareció. Tras dos segundos de silencio, respondió con calma:
—Sí, lo hice por dinero. El dinero es importante para mí.
Lucas apretó la lata con tanta fuerza que el aluminio se hundió.
El ambiente volvió a volverse incómodo. Nadie esperaba que Olivia lo admitiera con tanta franqueza.
—¡Ya basta! ¿Qué clase de bromas son esas? Estamos aquí para celebrar y divertirnos. ¡Vamos a beber! —Esme le pasó un vaso a Olivia, intentando aliviar la tensión.
Olivia dio un sorbo, sin ganas de seguir la conversación.
—Si se trata de dinero, entonces, si yo me vuelvo rico en el futuro, ¿te divorciarías de él y te casarías conmigo? —La pregunta de Lucas volvió a sumir la sala en silencio.
Esme observó la mirada afectuosa de Lucas; un destello de celos cruzó sus ojos.
Olivia se quedó atónita y no notó la reacción de Esme.
Al ver que Olivia seguía en silencio, Lucas pareció entender. Echó la cabeza hacia atrás, vació la cerveza de un trago, luego aplastó la lata y la lanzó sobre la mesa.
A medida que el ambiente se volvía aún más incómodo, Esme alzó rápidamente su vaso y exclamó:
—¡Hoy estamos celebrando la boda de Olivia! No hablemos de esto. ¡Un brindis por la novia!
—Cierto, es el día de la boda de Olivia. Deberíamos estar felices.
—¡Brindemos por la novia!
Los excompañeros se unieron, levantando sus vasos. Olivia alzó con torpeza su vaso vacío.
Después de que todos bebieran, Olivia miró a Lucas.
Quería decirle que la enfermedad de su hermano no podía resolverse solo con dinero. La familia Howard controlaba los recursos médicos de alta gama, y la rara enfermedad de su hermano requería un medicamento especial disponible únicamente en el Hospital Evergreen.
‘Da igual. Que me odie. A veces el odio hace más fácil seguir adelante que el amor.’
Olivia sonrió con ironía hacia sí misma. La escena frente a ella parecía borrosa. Pensó que era por la tristeza y no le dio mayor importancia.
Mientras tanto, frente al Hotel Azure Palace, se detuvo un auto de lujo. Un hombre alto y apuesto bajó de él.
—¡Matthew! Últimamente es dificilísimo verte —un joven con traje rosa y el cabello engominado salió de la entrada, con dos mujeres atractivas del brazo. Al ver a Matthew, apartó a las mujeres y se acercó para abrazarlo, pero Matthew lo esquivó.
—No me toques con esas manos que han estado encima de mujeres —dijo Matthew con calma, pero con un matiz de disgusto.
—Vamos, ¿todavía no superas esa condición tuya? ¿Ni siquiera con tu equipo médico de primer nivel? Pobre de ti —Wesley Brown se encogió de hombros, haciendo un gesto para que las mujeres se marcharan.
—Vamos. Lo que buscas está arriba. Por cierto, ¿le avisaste a tu familia que volviste al país?
—Cambié de planes de repente. No le dije nada a nadie… —respondió Matthew.
