CAPÍTULO 1
TRES DÍAS DESPUÉS
William Knight estaba sentado detrás de su amplio escritorio de caoba, rodeado por un aire de autoridad que coincidía con el lujo de su oficina. Sus penetrantes ojos azules escaneaban los archivos frente a él, su mente absorta en los intrincados detalles de su imperio empresarial. El peso de la responsabilidad presionaba sobre sus hombros, pero él disfrutaba del poder y el control que le otorgaba.
Justo cuando estaba a punto de profundizar en los papeles, la voz de su asistente rompió el silencio, filtrándose a través del intercomunicador en su escritorio.
—Señor Knight, el Dr. Ross está aquí para verlo. ¿Lo hago pasar?
William se detuvo por un momento, su mente corriendo para recordar el nombre. Dr. Ross... Dr. Ross... Luego, como un destello de reconocimiento, surgió un recuerdo. Marcus, su querido amigo y mentor, había hablado de un joven a quien había tomado bajo su ala, pagando por su educación y allanando el camino para su éxito. Este debía ser la misma persona.
—Por supuesto —respondió William, con curiosidad en su voz—. Hágalo pasar.
La puerta de la opulenta oficina se abrió, y el Dr. Ross entró con un sentido de propósito. Su comportamiento exudaba una mezcla de profesionalismo y gratitud mientras se acercaba al escritorio de William. Los dos hombres se miraron por un momento, y un destello de reconocimiento pasó entre ellos.
—Dr. Ross —saludó William calurosamente, levantándose de su silla—. Qué agradable sorpresa. Ha pasado bastante tiempo. Por favor, tome asiento. ¿Qué lo trae por aquí hoy?
El Dr. Ross tomó asiento, sus ojos transmitiendo una mezcla de respeto y determinación. Aclaró su garganta, componiéndose antes de hablar.
—Gracias, señor Knight. En verdad ha pasado un tiempo. Me disculpo por la visita repentina, pero me sentí obligado a venir y hablar con usted.
Señalando hacia una silla vacía, William hizo un gesto de bienvenida, invitando al Dr. Ross a sentarse. Mientras el doctor se acomodaba en la silla, William se posicionó detrás de su escritorio, un símbolo de autoridad y responsabilidad.
En medio del silencio contemplativo, el Dr. Ross rompió la quietud con un tono urgente en su voz.
—Entiendo su apretada agenda, señor Knight, pero lo que estoy a punto de mostrarle no puede retrasarse más. Requiere atención y resolución inmediata.
El interés de William se despertó, y se inclinó hacia adelante atentamente.
—Por favor, continúe. ¿Qué es lo que necesita discutir?
El Dr. Ross metió la mano en su maletín, sacando dos archivos, cuyo contenido representaba una década de historias no contadas y verdades ocultas. Los colocó sobre el escritorio, un peso tangible que acompañaba sus palabras.
—Señor Knight, estos archivos contienen las respuestas a lo que ha sucedido en los últimos diez años, un período durante el cual usted estuvo "indisponible". Le ruego que se tome el tiempo para revisarlos, para comprender verdaderamente la magnitud de los eventos que han ocurrido.
La curiosidad se mezcló con un toque de aprensión en la mirada de William mientras miraba los archivos frente a él. No podía negar la oleada de emociones que se arremolinaban dentro de él: preguntas, arrepentimientos y un destello de esperanza por la redención.
—¿Qué son estos archivos? —preguntó William, su voz llena de una mezcla potente de determinación e incertidumbre.
—Aurora Johnson —respondió solemnemente el Dr. Ross.
La mera mención del nombre de Aurora provocó un torbellino de pensamientos en la mente de William. Recuerdos largamente guardados surgieron, amenazando con abrumarlo. Susurró su nombre suavemente, sintiendo un peso asentarse sobre su corazón.
—Aurora —murmuró, las sílabas cargadas de un profundo sentido de asuntos pendientes.
El Dr. Ross asintió, comprendiendo la avalancha de emociones que inundaban a William.
—Le insto a que examine estos archivos, y espero que pueda encontrar en usted mismo la resolución que busca.
La mirada del Dr. Ross se levantó, capturando la visión de las emociones tumultuosas que giraban en los ojos de William.
—Estuve a su lado cuando el señor Marco dio su último aliento —dijo el Dr. Ross suavemente, su voz cargada con el peso de sus recuerdos compartidos—. Recuerdo el peso de la responsabilidad que le confió. Y ahora, creo que es hora de honrar esa responsabilidad.
Sus palabras tocaron una fibra profunda en William, encendiendo un manantial de remordimiento. El peso del legado de su difunto amigo se cernía pesadamente, obligándolo a enfrentar los fantasmas del pasado y a buscar un camino de redención.
Un pesado silencio envolvió la habitación mientras la mirada de William permanecía fija en los archivos frente a él. Sentía una profunda sensación de estar a la deriva, consumido por el peso del pasado y la incertidumbre del futuro.
Levantándose de su silla, el Dr. Ross añadió:
—Confío en su juicio, y confío en su capacidad para tomar las decisiones correctas.
Con esas palabras de despedida, el Dr. Ross dejó la oficina, dejando a William solo con el peso de su pasado y la responsabilidad que había permanecido latente durante tanto tiempo.
Mientras miraba los archivos que descansaban sobre su escritorio, William sintió una mezcla de aprensión y determinación. Sabía que adentrarse en la historia de Aurora descubriría verdades dolorosas y lo obligaría a enfrentar sus propias deficiencias. Pero también sabía que era un viaje que debía emprender, no solo por el bien de Aurora, sino también por la memoria de Marco, el hombre que fue como un hermano para él.
Mientras William paseaba inquieto en su opulento estudio, junto a su dormitorio, sus ojos se posaron sobre los archivos que yacían en su escritorio de caoba, llamándolo con su misteriosa atracción. Uno llevaba el nombre de 'Thomas Johnson', un nombre que una vez resonó con amistad y confianza. Pero ahora, una mezcla de curiosidad e inquietud lo impulsaba a adentrarse en sus oscuros secretos. Abrumado por una sensación de aprensión, William no había podido reunir el valor para abrir los archivos, temiendo las revelaciones inquietantes que podrían contener. Hasta ahora.
Con manos temblorosas, abrió el archivo, desatando una tormenta de revelaciones que destrozaron su percepción del mundo que conocía. Página tras página, la evidencia se desplegaba, pintando un retrato sombrío de las actividades nefastas de Thomas. Malversación, lavado de dinero, fraude—los crímenes no solo eran impactantes, sino también profundamente personales, una traición que atravesaba el corazón de William como una daga.
Sin embargo, en medio del mar de documentos incriminatorios, otro archivo yacía en espera—un nombre grabado en él, delicado y frágil como el alma que representaba. Susurraba de un dolor indescriptible y sufrimiento oculto—Aurora Johnson.
Mientras William se adentraba en el archivo de Aurora, sus ojos se abrieron de horror y su corazón dolía con un dolor que nunca había conocido. Los documentos se desplegaban como un macabro cuento de tormento—informes médicos que abarcaban años, dando testimonio del viaje de una joven a través de un infierno viviente. Cada entrada estaba grabada con las cicatrices indelebles del abuso físico—costillas rotas, lesiones en la cabeza, huesos fracturados—una sinfonía de sufrimiento que se había desarrollado dentro del supuesto santuario de su propio hogar.
La culpa surgió a través de las venas de William, ahogándolo con remordimiento.
¿Cómo pudo haber sido tan ciego en la búsqueda de expandir su negocio, que se olvidó de Aurora? Había hecho una promesa, un juramento sagrado al difunto padre de Aurora, de protegerla y cuidarla. Pero en su implacable búsqueda de riqueza y poder, había abandonado ese voto solemne, dejándola vulnerable a las crueldades del mundo.
