CAPÍTULO 1B

Mañana, finalmente conocería a Aurora, la amada hija de Marco, y presentaría la propuesta que tenía en mente, cuidadosamente elaborada para satisfacer la insaciable avaricia de Thomas. Aunque su motivo principal seguía siendo el bienestar de Aurora, William sabía que tenía que apelar al interés propio de Thomas si quería tener éxito en su misión.

Mientras se preparaba para la reunión en la casa de Thomas, una mezcla de emociones revoloteaba dentro de William. La idea de conocer a Aurora después de tantos años le traía una anticipación agridulce al corazón. No podía evitar sentir una punzada de arrepentimiento por el tiempo perdido, sabiendo que había tardado demasiado en recordar su promesa a Marco.

Sin embargo, no había lugar para la sentimentalidad ahora. William tenía un plan—una propuesta que podría salvar a Aurora. Entendía la profundidad de la astucia y la codicia de Thomas, por lo que había ideado una oferta que tentaría sus deseos sin comprometer el bienestar de Aurora.

En la quietud de la noche, mientras revisaba sus preparativos, la mente de William estaba consumida por pensamientos sobre cómo presentar mejor su propuesta. Tenía que encontrar un equilibrio delicado—apelar a la avaricia de Thomas mientras aseguraba la seguridad y felicidad de Aurora. Era un juego de alto riesgo, y sabía que un solo movimiento en falso podría ponerlo todo en peligro.

Con un suspiro decidido, William se preparó para la próxima reunión. Entraría en el reino de Thomas, navegaría las traicioneras aguas de su insaciable deseo de riqueza, y presentaría la propuesta que tenía la clave para la libertad de Aurora.

Al cerrar los ojos, William susurró una oración silenciosa por fuerza y guía. Esperaba que en la búsqueda de su noble causa, pudiera apelar a los instintos más bajos de Thomas y, en última instancia, asegurar la libertad de Aurora de las garras de su traicionero guardián.

En el fondo de la mente de William, entre los pensamientos sobre Aurora y Thomas, persistía una incertidumbre que lo inquietaba—su hijo, el notorio playboy Xavier. Convencer a Xavier de aceptar la propuesta que estaba a punto de hacer sería un desafío en sí mismo.

Xavier siempre había sido un espíritu salvaje, recorriendo la vida con una sed insaciable de placer y aventura. Su actitud despreocupada y la búsqueda implacable de deleites hedonistas le habían ganado una reputación que a menudo lo precedía. William sabía que apelar a las sensibilidades de Xavier requeriría una cuidadosa danza de palabras y estrategias.

Mientras paseaba por la habitación, considerando las complejidades de su predicamento, William no podía evitar recordar las incontables noches pasadas tratando de inculcar un sentido de responsabilidad en su hijo descarriado. Sus conversaciones a menudo se convertían en debates acalorados, con Xavier defendiendo vehementemente su estilo de vida despreocupado, negándose a ser atado por las expectativas de la sociedad o los deseos de su padre.

Sin embargo, esta propuesta era diferente. Tenía el potencial no solo de beneficiar a Thomas y asegurar el bienestar de Aurora, sino también de ofrecer a Xavier una oportunidad que trascendía sus indulgencias habituales. Era una oportunidad para que Xavier se probara a sí mismo, para canalizar su carisma innato e influencia hacia una causa mayor que su propio placer.

El desafío residía en encontrar las palabras correctas, el enfoque adecuado que atravesara las defensas de Xavier y encendiera una chispa de interés. William sabía que no podía confiar únicamente en sermones severos o argumentos lógicos. Necesitaba apelar a los deseos internos de Xavier, despertar un sentido de propósito que yacía dormido bajo la superficie.

Sabía que convencer a Xavier no sería fácil, pero estaba decidido a intentarlo.

Creía en el potencial no explotado de su hijo, en la chispa de bondad que se escondía bajo la superficie.

Finalmente, cuando los primeros rayos del amanecer se asomaron por las cortinas, no había dormido ni un minuto.

Hoy anunciaba la tan esperada reunión con Thomas, pero en medio de la anticipación, otra batalla se cernía en el horizonte—una batalla que requeriría que William confrontara la imprudencia de su propia carne y sangre, su hijo Xavier. Con una resolución firme ardiendo dentro de él, William se preparó para el enfrentamiento que le esperaba, un enfrentamiento que pondría a prueba las profundidades de su fe en la bondad inherente de Xavier. Sabía que convencer a su hijo descarriado de abandonar su estilo de vida de playboy no sería una tarea fácil, pero estaba decidido a librar esta batalla con convicción inquebrantable.

En el fondo, William mantenía la esperanza, creyendo que bajo la fachada despreocupada de Xavier, una semilla dormida de compasión y responsabilidad esperaba ser nutrida. Era una batalla de corazón y voluntad, donde el resultado tenía el poder de sanar su vínculo fracturado o destrozarlo más allá de la reparación.

Mientras tanto, en la casa de los Johnson

La noche cayó sobre la gran finca, proyectando una sombra de maldad. En el pasillo tenue, Aurora se encontraba temblando ante el trío de torturadores—Thomas, su tío y captor; Margot, su cómplice engañosa y esposa; y Sandra, su hija despiadada que veía a Aurora como una rival.

Todos la trataban con igual crueldad, sus acciones desgarraban su frágil corazón y la llenaban de miedo.

La mirada de Thomas se endureció al fijar sus ojos en su sobrina, su expresión traicionando una mezcla de curiosidad y sospecha. Margot y Sandra estaban a su lado, su intriga evidente en sus posturas atentas.

—Interesante giro de los acontecimientos, Aurora—dijo Thomas, su voz teñida de un toque de intriga.

—Recibí una llamada bastante inesperada esta noche de nada menos que William Knight en persona. Expresó un fuerte deseo de reunirse conmigo, y parece que sus intenciones giran en torno a ti.

La mirada de Aurora se levantó ligeramente, sus ojos traicionando una mezcla de confusión y aprensión. Sus palmas se volvieron sudorosas mientras las limpiaba nerviosamente contra su falda.

—¿Tío William?—preguntó, su voz teñida de incertidumbre, sin saber hacia dónde se dirigía la conversación.

Thomas, una figura consumida por la oscuridad, fijó su fría mirada en Aurora y exigió—Dime, Aurora, ¿por qué quiere William verte? ¿Qué quiere de ti?

El corazón de Aurora latía con fuerza, y el miedo ahogaba sus palabras, haciéndola tartamudear.

—Tío Thomas, y-yo n-no lo s-sé—logró decir, su voz temblando—. No lo h-he visto d-desde que m-mis padres m-murieron. No p-puedo en-ender por qué q-querría v-verme ahora.

Una sonrisa cruel torció los labios de Thomas, y sus ojos brillaron con una satisfacción sádica. Desestimó sus palabras como mentiras, convencido de que ella guardaba algún secreto que interesaba a William. Enfurecido, la golpeó con un brutal puñetazo, enviando oleadas de dolor a través de su cuerpo.

Aurora se desplomó en el suelo, su espíritu aplastado bajo su implacable crueldad.

La voz de Thomas estalló en un ataque de ira mientras la miraba desde arriba.

—¿Cuándo se conocieron? ¿Has estado quejándote de nosotros, eh?—gritó, sus palabras goteando veneno y acusación, sus ojos entrecerrados en una mirada amenazante.

Margot, una instigadora malvada del tormento, se acercó con un aire calculador.

—Thomas, si debes lastimarla, asegúrate de evitar su rostro—siseó, su voz goteando malicia—. No querríamos que William notara moretones visibles, ¿verdad?

Sandra, miró a Aurora con ojos venenosos, saboreando su sufrimiento.

—¿Por qué quiere verla a ella? ¿Por qué no a mí, papá?—demandó Sandra, su voz llena de frustración y confusión.

—Sandra, querida, entiendo que mereces su atención. Sin embargo, mañana necesito que te mantengas fuera de la vista. No quiero interrupciones. Ten por seguro que, si la oferta es prometedora, me aseguraré de promover a mi propia hija, alguien que realmente lo merece, a diferencia de otros.

Aurora se acurrucó, lágrimas corriendo por su rostro magullado. El dolor se reflejaba en sus rasgos, reflejando el tormento dentro de su corazón. Anhelaba escapar, ser libre de las garras de estas almas malvadas que se deleitaban en su sufrimiento.

En medio de la oscuridad, un destello de esperanza brilló dentro de la desesperación de Aurora. En lo profundo, un fuego ardía, alimentado por su anhelo de una vida mejor, por el cumplimiento de una promesa largamente olvidada. Se aferraba al recuerdo del amor de sus padres y a los tenues susurros de la protección del Tío William.


Mientras Aurora yacía en su improvisada cama en la estrecha cocina, su cuerpo dolorido por el sufrimiento infligido, su mente se arremolinaba con confusión e incertidumbre. ¿Por qué querría el Tío William reunirse con ella de repente? Habían pasado años desde que lo había visto, desde la trágica partida de sus padres de este mundo.

La repentina aparición de todo esto la dejó desconcertada, sus pensamientos eran un caos desordenado. El miedo apretaba su corazón mientras repetía en su mente las palabras de Thomas, Margot y Sandra. Sus rostros siniestros la perseguían en sus pensamientos, sus voces amenazantes resonaban en sus oídos. Ellos también parecían perplejos por el interés de William, pero su confusión estaba acompañada de una torcida anticipación, un deleite enfermizo en el poder que tenían sobre ella.

Se sentía perdida, atrapada en una maraña de engaño y crueldad. Los moretones en su cuerpo eran recordatorios físicos del dolor que soportaba, pero las cicatrices emocionales eran aún más profundas. Anhelaba respuestas, una comprensión de por qué la repentina presencia de William amenazaba con trastornar su frágil existencia.

Despierta en la cocina tenuemente iluminada, la mente de Aurora era un torrente de preguntas. ¿Qué quería el Tío William de ella? ¿Estaba al tanto del tormento que sufría a manos de su propia familia? ¿Tenía él la clave para su liberación, o era simplemente otro títere en este juego perverso?

Emociones encontradas tiraban de su alma cansada. La esperanza luchaba contra el escepticismo, su choque intensificando su agitación interna. Se aferraba a la chispa de esperanza, deseando desesperadamente creer que la llegada de William traería salvación, que la sacaría de esta vida miserable.

Sin embargo, las dudas persistían, susurrando en las sombras de su mente. ¿Podía confiar en él? ¿Estaba genuinamente preocupado por su bienestar, o tenía motivos ocultos detrás de una máscara de benevolencia? La incertidumbre la carcomía, alimentando su ansiedad y amplificando su miedo.

A medida que avanzaba la noche, los pensamientos de Aurora se convirtieron en un laberinto de emociones, oscilando entre la anticipación y la inquietud. Anhelaba que el amanecer rompiera, para arrojar luz sobre el enigma que rodeaba el repentino interés de William. Fue una noche inquieta, llena de sueños de escape y una súplica desesperada por un destello de bondad en la oscuridad que la envolvía.

En el silencio de la cocina, el corazón de Aurora latía con un ritmo constante, un testimonio de su resistencia en medio del tormento. Con cada respiración, juraba en silencio enfrentar lo que viniera, encontrar la fuerza para soportar las pruebas que la esperaban. Y al cerrar los ojos, susurró una oración silenciosa, esperando que el mañana trajera no solo respuestas, sino una oportunidad para reclamar su inocencia robada y la promesa que había sido olvidada durante tanto tiempo.

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