CAPÍTULO 10

ALEXANDER

—Dijiste veinticuatro horas— su tono se eleva con pánico.

—¡Ni siquiera han pasado doce!

Me encogí de hombros, una fría sonrisa formándose.

Cambié de opinión.

Demándame.

—El tiempo se acaba cuando él dice que se acaba, querida— interrumpió Nico, su tono goteando condescendenc...

Inicia sesión y continúa leyendo