CAPÍTULO 101

ALINA

Mi mano recorrió el lado de la cama donde Alexander había estado.

Las sábanas estaban frías contra mi piel, pero no podían borrar los fantasmas de anoche—el eco de los disparos, el sabor metálico del miedo y Alexander.

Dios… ¿realmente me había abrazado toda la noche?

No. Eso no podía ...

Inicia sesión y continúa leyendo