CAPÍTULO 104

ALEXANDER

El estudio siempre olía a humo y a poder antiguo. Estanterías de roble grueso forraban las paredes, gimiendo bajo el peso de libros encuadernados en cuero que nadie había tocado en años.

Las cortinas estaban cerradas, atenuando la luz de la mañana, y el escritorio en el centro—el esc...

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