CAPÍTULO 109

ALINA

Alexander había salido hace una hora, con el teléfono pegado a la oreja, su voz baja y cortante mientras se desvanecía por el pasillo.

La puerta se había cerrado tras él, dejando nada más que el eco de su presencia —y un silencio que se extendía como un huésped no deseado.

Me dejé caer...

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