CAPÍTULO 119

ALEXANDER

—¡Quítate de encima, pervertido!— gritó, con la voz ronca y quebrada.

Golpeaba a ciegas, llena de aristas y pánico. Sin técnica. Solo supervivencia.

Un puño me alcanzó las costillas, sacándome el aire de los pulmones de un golpe fuerte.

¡Mierda!

—Alina— gruñí, esquivando un codo q...

Inicia sesión y continúa leyendo