CAPÍTULO 120

El silencio se prolongaba, espeso e incómodo, roto solo por el leve y persistente tic-tac del reloj en el pasillo y el suave, irregular ritmo de su respiración.

Ella estaba sentada en el borde de la cama, con las rodillas apretadas contra el pecho y los brazos alrededor de ellas, como si pudiera ma...

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