CAPÍTULO 154

ALEXANDER

Miro hacia abajo a mi esposa dormida.

Alina por fin está quieta—acurrucada de lado, de frente a mí, con las pestañas oscuras extendidas sobre las mejillas enrojecidas, los labios apenas entreabiertos en respiraciones lentas y parejas.

Parece destrozada. Suave.

En paz de una manera...

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