CAPÍTULO 184

ALINA

—Felicidades, Alina —susurré a la habitación vacía, con la voz destilando sarcasmo.

—Oficialmente te has graduado de cautiva a patética. Lo siguiente será escribir su nombre en corazoncitos y esperar junto a la ventana como un maldito golden retriever.

Me quedé allí tumbada durante un largo...

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