CAPÍTULO 218

ALEXANDER

Mierda.

No podía apartar los ojos de ella.

Alina estaba acurrucada entre mis piernas, con la espalda apoyada en mi pecho, los ojos cerrados y la cabeza apenas echada hacia atrás, como si estuviera empapándose del momento.

La luz suave del atardecer le rozaba la piel, y yo miraba, hipno...

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