CAPÍTULO 240

ALINA

Grité y pateé con hasta la última pizca de fuerza que me quedaba, revolviéndome como un animal salvaje atrapado en una trampa.

—¡Suéltame! ¡Maldito cavernícola!—chillé, con las piernas agitándose sin control mientras intentaba clavarle la rodilla donde fuera que pudiera alcanzarlo.

—¡Quítam...

Inicia sesión y continúa leyendo