CAPÍTULO 244

ALEXANDER

—Puedes llamarme codicioso —dije, la voz áspera, con los ojos fijos en Alina como si fuera la única cosa firme en un mundo que se derrumbaba.

—Manipulador. Cruel. Lo que te encaje. No lo voy a discutir. Pero no te quedes ahí plantado diciéndome que lo que siento por ella no era real, ¡Al...

Inicia sesión y continúa leyendo