CAPÍTULO 266

ALINA

Se acomodó, y la cabeza gruesa de su verga presionó contra mis pliegues empapados, provocando mi entrada con lentos y deliberados vaivenes de cadera.

Lo estaba saboreando, alargando el momento como el imbécil engreído que era, abriéndome centímetro a centímetro.

—Vete a la mierda, imbécil… ...

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