CAPÍTULO 288

ALINA

Santos estaba de pie sobre mí, el pecho subiéndole y bajándole con pesadez mientras me miraba desde arriba.

—¿Todavía crees que él va a venir por ti?

Tragué saliva, negándome a apartar la mirada.

—Sí.

—No —espetó, la palabra afilada y definitiva—. Ni siquiera sabe dónde estás. Podría destr...

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