CAPÍTULO 46

ALINA

Pateé, golpeé, rasguñé y grité—hice todo lo posible por liberarme—pero fue inútil. El agarre de Dante era inquebrantable, su cuerpo sólido como una roca mientras avanzaba sin vacilar.

Seguía caminando como si yo no fuera más que un saco de grano, su agarre me dejaba moretones, su paso im...

Inicia sesión y continúa leyendo