CAPÍTULO 54

ALINA

Cada centímetro de mi cuerpo dolía—mis muñecas por las quemaduras de la cuerda, mi mandíbula por haberla apretado demasiado fuerte, y mi pecho... mi pecho latía con algo que no podía nombrar.

Furia.

Impotencia.

Pero lo peor de todo?

Esperanza.

Dios, odiaba eso.

Lo odiaba a él por ponerl...

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