CAPÍTULO 64

ALINA

La habitación estaba tan silenciosa que podía escuchar el sutil tic, tic, tic del reloj antiguo en la pared lejana.

Mis ojos volvieron a bajar al contrato una vez más. Mi nombre me devolvía la mirada—en blanco, intacto, todavía mío.

Su nombre ya estaba garabateado en tinta oscura y flui...

Inicia sesión y continúa leyendo