CAPÍTULO 69

ALINA

—Dame tu mano.

Parpadeé, sorprendida por la demanda.

—¿Perdón?

Su mirada no vaciló—calma, inescrutable, pero con un filo peligroso.

—Tu mano —repitió, más despacio esta vez, cada palabra cargada de una orden silenciosa.

Fruncí el ceño. —¿Para qué?

No respondió.

Ni siquiera parpadeó...

Inicia sesión y continúa leyendo