Capítulo 1 La traición.

Aquella noche en el mirador predilecto y bajo la luz de la luna, Emilio Daurella miraba fijamente a los ojos verdes de Alma Ortega, su prometida desde hacía tres años. En solo dos semanas, finalmente, iban a contraer matrimonio, sin embargo, aquel encuentro en el mirador, estaba lejos de ser feliz.

—Debes de entenderlo…Amelia está muriendo, su médico dijo que lo mejor para ella es cumplir con sus deseos…no seas egoísta, en cuanto ella muera, tú y yo podremos casarnos, ya esperamos más de tres años, puedes esperar un par más. — decía Emilio con un deje de indiferencia mientras respondía mensajes que Alma no alcazaba a ver.

Una lágrima que no fue notada se derramó desde los ojos verdes de la hermosa mujer que aun llevaba puesta su bata médica, sus cabellos castaños se volaban y enredaban con el viento helado de esa noche otoñal, y al igual que las hojas rojas que caían de los árboles, sus emociones parecían apagarse.

Hacia apenas dos semanas que su hermana menor, Amelia Ortega, había regresado de los Estados Unidos en donde había pasado la menor parte de su vida con sus tíos para estudiar y prepararse para heredar las empresas familiares que se dedicaban a la fabricación de automóviles de lujo, sin embargo, desde su llegada, la vida de Alma había caído en declive. Mostrando una sonrisa rota, la mujer miró a los ojos azules de su prometido.

—Entonces es verdad lo que ella me dijo…me prometió quitármelo todo, incluso, a ti. — respondió Alma mirando a Emilio.

Acomodándose sus cabellos rubios con ansiedad, Emilio bufó.

—No seas mentirosa, Amelia es demasiado dulce y tímida para decirte algo como eso, ella incluso se opuso a que pusiera pausa a nuestro compromiso para casarme con ella, ¿Por qué te expresas tan mal de tu hermana?, sin duda alguna eres una egoísta, y, solo para que lo sepas, aunque ella no quería afectarte, yo decidí hacer lo que es correcto, después de todo, ella está muriendo, su deseo es ser una novia, casarse conmigo, y tu aun vas a vivir muchos años. Debes de comprender a tu hermana, esto es por su bien y el nuestro, así que, te lo pido de vuelta, entrégame el anillo de diamantes que te di para entregárselo a Amelia. — respondió Emilio con enojo.

Alma sonrió con ironía, ¿Qué Amelia era dulce y tímida?, de su hermana menor tan solo había conocido desprecios y celos, pues cuando eran apenas unas niñas y antes de que ella se marchara, siempre le había quitado todo lo que tenía, muñecas, juguetes…el amor del padre que ambas compartían, y ahora que regresaba después de tantos años, quedaba claro que con ella habían regresado las viejas costumbres.

—Tú no tienes ni idea de cómo es Amelia en realidad…pero, si has tomado tu decisión, entonces no hay nada que yo pueda hacer. — respondió Alma sacándose el anillo de compromiso que Emilio le había dado hacía ya tres años, y sintiéndose entumecida por el dolor, lo arrojó a los pies de su ahora ex prometido.

Furioso, Emilio miró a los ojos de Alma.

—¿Por qué has hecho eso? Levántalo ahora mismo. — exigió Emilio.

Dando una mirada a las espaldas de su ex, Alma pudo ver como Amelia bajaba del auto de lujo de Emilio con una sonrisa cruel y triunfal y comenzaba a caminar hacia ellos, nuevamente su hermana menor lograba salirse con la suya. Llegando al lado de Emilio, Amelia le tocaba el hombro al hombre con una dulzura fingida y una expresión falsa de culpa.

—Emilio, mi hermana realmente te ama demasiado, yo no podría ser jamás un impedimento para que ella logre su felicidad, por eso te pido una vez más que no hagas esto. — dijo Amelia con falsedad mientras sonreía a Alma con burla sin que Emilio lo notara.

—¿Lo dices en serio? Pues yo tan solo puedo ver como disfrutas de esto. Eres una hipócrita. En cuanto a ti, Emilio, toma tu decisión, ¿Es ella, o soy yo?, no pienso esperarte por el capricho de mi hermana. — cuestionó y dijo Alma con ironía.

—Yo te amo Alma, jamás quisiera dañarte, así que yo no voy a casarme con tu prometido, ¿Cómo podría hacerle eso a mi propia hermana? — respondió Amelia para inmediatamente después fingir debilidad y un ataque de tos.

Alarmado, Emilio tomó en sus brazos a Amelia y la cargó, dando luego una mirada furiosa que dirigió hacia Alma.

—¿Cómo puedes ser tan cruel para decir algo así a tu pobre hermana?, ¡Mira lo que le has provocado!, ella no quiere dañarte y tú le dices cosas tan horribles, ahora mismo levantaras ese anillo y se lo entregaras a tu hermana, ¡Hazlo! — gritó Emilio.

Alma contuvo sus lágrimas y no se permitió derramar ni una sola frente a Amelia, no le daría el gusto de verla sufrir.

—Veo que tomaste tu decisión, Emilio, entonces, que así sea. — respondió Amelia.

Caminando altiva y con indiferencia a pesar de tener el corazón completamente roto, Alma pasó de largo a su ex y a su hermana, deteniéndose solo un momento para darles una mirada de soslayo.

—Amelia, si tanto quieres mi anillo, levántalo tu misma. — respondió Alma que caminó luego hacia su viejo auto para regresar al hospital en donde trabajaba.

Emilio, sosteniendo en sus brazos a Amelia, vio alejarse a Alma, y apretó los dientes, ¿Alma se había atrevido a dejarlo completamente? No podía ni quería creerlo. Dando unos pasos para caminar hacia su ex prometida e intentar convencerla de esperarlo, se detuvo abruptamente al escuchar a Amelia sufriendo otro ataque de tos repentino.

—Por favor, Emilio, llévame al hospital con mi doctor, me estoy sintiendo muy mal… — dijo Amelia aferrándose al pecho de Emilio, fingiendo aquel ataque para impedir que Emilio se marchara tras de su hermana mayor.

Dando una última mirada a Alma que se marchaba ya sobre su viejo auto, Emilio reprimió su deseo de correr tras ella.

—Tranquila, Amelia, te llevaré al hospital ahora mismo. — respondió.

Amelia sonrió triunfal, y viendo el coche de su hermana alejándose, se burló internamente, por años había deseado tener a Emilio Daurella, y no le permitiría volver a los brazos de Alma.

En su auto y conduciendo a gran velocidad, Alma derramaba las lágrimas que no se permitió derramar ante Amelia y Emilio. Aquel gran amor que tenía hacia su ex prometido, le estaba quemando dolorosamente…más de seis años de su vida, los había arrojado al abismo por Amelia…el, había elegido a su cruel hermana antes que a ella, como si aquello fuese lo más sensato. Su corazón, se había roto en mil pedazos.

Sin embargo, en ese momento no tuvo tiempo de pensar en nada más, cuando su auto, sin quererlo, impactó con otro vehículo, y todo se volvió silencio. Acababa de sufrir un accidente, y tan solo pudo ver, ¿A Emilio? Caminando hacia ella, sus ojos se cerraron en ese instante.

—¡Alma!, ¡Despierta!, ¡Alma! — gritaba un hombre apuesto de cabellos rubios y hermosos ojos azul celeste…idéntico a Emilio.

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