Capítulo 26 Una disculpa sincera.

Emiliano sonrió. Levantándose de su silla, tomó aquel ramo de rosas y comenzó a arrancar los pétalos.

— Cualquier mujer se pone feliz al recibir flores, pero no tú, señorita Bellucci. Su padre aceptó inmediatamente mi ofrecimiento matrimonial, por supuesto, apenas lo mencioné y el me dio tu mano. E...

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