Capítulo 3 Propuesta.
En aquel hospital, Amelia observó a un hombre tan parecido a Emilio, pero con un aire sexy y rebelde que la forzó a mirarlo, aquel, había caminado hacia el mismo pasillo en donde se hallaba la habitación de Alma. Restándole importancia, se abrazó de su ahora prometido sintiéndose la ganadora sobre su hermana mayor.
Toda su vida había deseado todo lo que Alma poseía; su madre y ella se habían propuesto arrancar todo aquello que era preciado para su hermana de sus manos hasta dejarla sumida en la nada, pues su madre, María, jamás había perdonado que su padre hubiera preferido a aquella cantante que era la madre de Alma sobre ella, cuando durante muchos años había amado a su padre en silencio.
Ella al igual que su madre, había amado a Emilio en silencio desde la primera vez lo vio cuando apenas eran niños, y después de saber que Alma se casaría con él, casi se volvió loca de celos no pudiendo permitirle a su hermana tener lo que ella quería, por ello había mentido con su enfermedad, pero nadie lo sabría jamás. Emilio tenía que ser de ella, tan solo de ella, se dijo a sí misma como un mantra.
—Finalmente eres mío… — musitó Amelia en voz baja mirando a Emilio.
Emilio caminó junto a Amelia sabiendo que todo el daño que le estaba haciendo a Alma estaba mal, sin embargo, sabiendo bien que su ahora prometida estaba frágil de salud, no había tenido la voluntad de negarse cuando Maximiliano le dijo que el más grande sueño de Amelia era convertirse en su esposa antes de morir. Esperaba que después de que Alma calmara su rabia, pudiera perdonarlo y esperarlo.
—¿Emiliano?, ¿Emiliano Daurella? — cuestionó Alma sorprendida de ver al rebelde hermano gemelo de su ex prometido parado en el marco de la puerta de su habitación de hospital con un ramo de hortensias hortencias y moradas…sus flores favoritas.
Emiliano dio una mirada a la mujer en la cama; había visto a su hermano gemelo en la recepción del hospital junto a Amelia apenas unos momentos antes, y ya le habían informado de la estúpida decisión que había tomado su gemelo. Acercándose a Alma, notó que tenía varios golpes debido al accidente, así como también notó el fajo de billetes que había arrojado hacia él momentos antes. Ella acababa de ser humillada, estaba seguro.
—El mismo, es grandioso que no me hayas confundido con el pedante de Emilio. — respondió Emiliano con una sonrisa socarrona.
Alma frunció en el entrecejo, entre la alta sociedad se decía demasiadas cosas del otro hijo Daurella; que era irresponsable, mujeriego, y que dilapidaba la fortuna que heredó de su madre en parrandas y juegos de póker, aunque, ciertamente, aquellos eran tan solo rumores.
—¿Cómo podría confundirte?, usted es demasiado diferente de Emilio. — aseguró Alma.
Emiliano sonrió ante aquella afirmación que la hermosa mujer dejaba ver tan tajante. Dejando aquel ramo de flores a los pies de Alma, Emiliano se acercó peligrosamente a la belleza de cabellos castaños y ojos verdes, notando aquella expuesta piel tan blanca y tersa que Alma poseía…la había deseado en secreto durante tantos años, que saberla finalmente alejada de su odiado hermano gemelo, lo hacía vibrar de deseo.
—Eres la primera persona, Alma, que me dice lo muy diferente que soy a Emilio…— murmuró Emiliano casi sobre los labios de Alma quien se estremeció, y en un acto reflejo, alejó de sí misma a aquel hombre tan idéntico en apariencia a su ex prometido, pero tan diferente en personalidad que jamás podría verlos iguales.
—Aléjese de mí, aun cuando he sido abandonada por Emilio no estoy desesperada por encontrarle un reemplazo. — dijo Alma completamente tajante.
Emiliano sonrió, y sin apartarse de aquella mujer, la miró directamente a sus preciosos ojos verdes.
—¿Un reemplazo?, yo no soy reemplazo de nadie, menos aún de ese enclenque que es mi gemelo…la razón por la cual vine a verte hoy, es porque has chocado con mi auto, y eso me ha costado un par de golpes y mi propiedad completamente destrozada…así, ¿Qué es lo que harás, Alma? — cuestionó Emiliano alejándose un poco de la hermosa mujer.
Alma abrió los ojos completamente confundida y recordando a aquel hombre rubio tan similar a Emilio que se acercaba a ella cuando ocurrió el accidente. ¿El destino era tan cruel como para hacerla estrellarse contra el auto del gemelo de su ex? Aquello parecía una broma cruel.
—Yo…no tengo dinero para pagarte…pero si me esperas, puedo reunir el dinero para cubrir todo el daño que he provocado con mi imprudencia. — respondió Alma con seriedad, pues ni siquiera tenía para pagar sus cuentas del hospital…y aquel fajo de billetes que Amelia le había restregado en la cara, no iba a utilizarlo…su orgullo era mucho más grande.
Emiliano caminó hacia aquel fajo de billetes y lo dejó en las manos de Alma, por supuesto; como toda persona que se consideraba alguien, sabía muy bien del miserable trato que la familia Ortega daba a su hija mayor, quien se había revelado ante su padre para estudiar medicina y trabajaba como médico en un hospital humilde.
—¿Y si te dijera que no es dinero lo que quiero a cambio? Hay cosas que tienen mucho más peso y valor que solo un fajo de billetes. — dijo Emiliano con seriedad.
Alma, instintivamente, se abrazó a sí misma. Ella aún era virgen, pues su sueño había sido llegar pura a su matrimonio con Emilio. Creía entender que era lo que el gemelo de su ex le estaba pidiendo.
—Lo lamento señor Daurella, pero no soy el tipo de mujer que liquida sus deudas con su cuerpo, le pagaré cada centavo de los daños que provoqué, pero no daré nada mas a cambio. — respondió Alma.
Emiliano soltó una risa, aquella mujer lo estaba entendiendo mal.
—Eres una mujer muy bella, querida ex cuñada, pero no soy el tipo de hombre que se aprovecha de la vulnerabilidad de una dama para tomar su cuerpo. Lo que vengo a proponerte es diferente…algo mucho más complicado que solo tomarte. — respondió Emiliano.
Alma achicó los ojos con desconfianza mientras miraba a aquel hombre.
—¿Y que es aquello que desea señor Daurella? — cuestionó.
Emiliano sonrió, y acariciando el rostro de Alma, repentinamente la besó en los labios para luego separarse de ella y mirarla fijamente a los ojos.
—Eso es sencillo, quiero que te conviertas en mi esposa para vengarme de mi hermano. — afirmó Emiliano tomando la caja que contenía el vestido de novia de Alma.
