Capítulo 4 Celos y envidia.
Alma abrió los ojos con sorpresa ante la propuesta que acababa de escuchar.
—Perdón, ¿Pero escuché bien?, ¿Me está pidiendo que me case con usted cuando apenas acabo de terminar mi relación de seis años con su hermano? Me parece un precio un poco alto el que pide a cambio de los daños que ocasioné. Lo siento, pero no puedo aceptarlo, no voy a casarme con el hermano gemelo de mi ex prometido, no quiero un reemplazo. — respondió Alma.
Mirándolo de cerca, Emiliano Daurella era realmente idéntico a Emilio, con aquellos mismos ojos azul celeste y cabellos dorados, sin embargo, la mirada era al mismo tiempo que idéntica, completamente diferente, mientras que los ojos de Emilio se mantenían casi siempre serenos, los de Emiliano eran salvajes, llenos de vida y de emoción.
Emiliano sonrió. Por supuesto, esperaba esa respuesta, aquella no era una mujer fácil.
—No voy a cobrarte por ninguno de los daños que se ocasionaron en el accidente, sin embargo, tu, la legitima hija de los Ortega, ¿Realmente estas dispuesta dejarte pisotear por tu hermana menor como siempre?, como te dije hace un momento, yo no soy reemplazo de nadie, mucho menos de Emilio…puedo demostrarte lo diferentes que somos en realidad, yo no doy traición por lealtad, y puedo darte la venganza que deseas tanto como yo en tus manos, puedo hacer que seas tu quien sostenga lo que Amelia sostiene. Piénsalo y llámame cuando tomes una decisión. — respondió Emiliano dejando sola a Alma.
Tomando aquellas flores que aquel misterioso hombre que repentinamente había aparecido como una broma del destino, notó como una tarjeta caía de ellas y leyéndola vio tan solo un numero celular escrito a mano en ella.
—Emiliano Daurella… — musitó Alma.
Y sintiendo aquel fajo de billetes junto a ella, lo apretó con rabia. Iba a regresarle aquella humillación a Amelia, con sus propios recursos iba a hacerles pagar lo que le habían hecho. Ya no era más una Ortega, y desde ese momento iba a llevar el apellido de su madre, Bellucci, siendo la promesa de medicina que era, se aseguraría de llegar lejos por su madre…y por ella misma.
Aquel fajo de billetes que Amelia le había dado para humillarla, tarde o temprano se lo regresaría integro, cuando ella más lo necesitara. Se lo juró a sí misma.
—¡Han pagado toda la deuda del hospital! — gritó Ramon entrando a la habitación. — Podemos irnos en cuando estes lista. — terminó de decir.
Sorprendida, Alma se preguntó si Emilio había pagado…o si había sido alguien más.
—¿Quién lo ha pagado? — cuestionó Alma.
Ramon negó.
—No lo sé, no quisieron decirme, quien pagó pidió mantenerse en el anonimato. — respondió.
Alma se cuestionó quien podría haber sido, pues sabía que Emiliano Daurella no tenía recursos, pues supuestamente indigno de ser heredero a pesar de ser el gemelo mayor debido a sus juergas, había sido sacado de la herencia principal de los Daurella y tan solo había recibido una pequeña fortuna de su madre fallecida que supuestamente había despilfarrado apenas recibiéndola. Tal vez, arrepentido de todo lo que había hecho, Emilio había decidido tener piedad al final, se dijo a sí misma.
—Ya averiguaremos quien fue, por ahora ayúdame a alistarme y vámonos, no quiero que nadie más me visite de manera inesperada. — respondió Alma.
En la mansión Daurella, Emilio entraba al estudio de su padre, Ricardo.
—¿Me has mandado a llamar padre? — cuestionó Emilio.
El viejo hombre de tozuda apariencia asintió.
—Si, pasa hijo, tenemos que hablar de algo importante, me han dicho que tu hermano Emiliano, ha regresado inesperadamente el día de hoy después de haber pasado tres años en Italia. — dijo Ricardo con seriedad.
Sorprendido con la noticia, Emilio se sentó frente a su padre.
—¿Crees que ha venido a pelear nuevamente por su parte de la herencia? — cuestionó.
Ricardo negó.
—No lo sé, Emiliano es impredecible, realmente nunca sé que esperar de él, después de todo se parece a su madre, es igual de insensato y terco, podría venir a pelear por lo tuyo o tan solo venir a visitar cada burdel en el área, nunca se para donde apuntará su comportamiento, él no es como tú, bueno, tranquilo y sobre todo sensato. Me han informado que finalmente has decidido desistir de casarte con la hija mayor de Ortega, y has tomado como nueva prometida a su hija menor quien va a heredarlo todo, esa es sin duda la mejor elección que pudiste hacer. — dijo Ricardo con seriedad.
Emilio asintió sin responder nada; realmente su plan era tan solo casarse con Amelia debido a su enfermedad terminal, un terrible cáncer que le estaba consumiendo los pulmones, sin embargo, cuando ella muriera, el regresaría por Alma a quien realmente amaba y se casaría con ella una vez que la fortuna de los Ortega terminara en sus manos.
—Si, padre, eso es lo más sensato. — respondió Emilio.
No sabía porque razón era que Emiliano había regresado después de tanto tiempo, se había marchado después de que su compromiso con Alma se hizo saber, y regresaba justamente ahora que habían terminado. No era ningún tonto, conocía muy bien los sentimientos que su gemelo albergaba hacia su ex prometida, pues Emiliano nunca se esforzó realmente en ocultarlo ante él, su vieja rivalidad y odio hacia su gemelo mayor seguía avivada, pues Emiliano siempre lo había hecho sentir diminuto a su lado, por ello, se había esforzado porque todos pensaran lo peor de él, incluida Alma. No le iba a permitir acercarse a ella, jamás.
En el estacionamiento del hospital, Emiliano observó a Alma marcharse apenas una media hora después de dejarla sola, sonriendo, se preguntó si ella sospecharía que él había sido quien dejó su cuenta médica completamente pagada. Por supuesto, no lo sospecharía; su hermano gemelo se había encargado de esparcir rumores sobre el en la alta sociedad para cerrarle puertas después de que su madre murió, pero en la realidad él no era ningún miserable, pues con la pequeña fortuna que heredó de su madre, había abierto su propio gran negocio de autos que en aquellos años se había vuelto bastante prospero, llegando incluso a competir con las marcas más populares, incluyendo a la marca Ortega que pertenecía a la familia de Alma, sin embargo, había permanecido como el dueño anónimo de la reconocida marca todo ese tiempo.
—Si aceptas ser mía, Alma, entonces mi venganza estará cumplida, y yo tendré lo que siempre quise, a ti. — dijo Emiliano para sí mismo para luego subir a su lujoso auto deportivo.
