Capítulo 20

Serena

Las dos de la mañana. La oficina se había convertido en un cementerio de hojas de cálculo y de mi voluntad de vivir, que agonizaba a pasos acelerados.

Me ardían los ojos. Las luces fluorescentes del techo zumbaban con una frecuencia que parecía diseñada para inducir la locura. Llevaba seis ...

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