20- Penélope en una casa de cristal

Arrojaron los periódicos al río y esta era su oración: ser llevados, elevados, arrastrados, sin sentir el duro hueso del dolor en el hombre, alojado en su esqueleto, sino solo el pulso de la sangre fluyendo. Sin choques, sin violencia, sin despertar.

Mientras los vagabundos dormían, los pescadores ...

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