3- Movimientos lentos

Penelope, vestida con alas blancas, está lista para asistir a la fiesta de disfraces en la casa de la profesora Jaqueline. Sabe que será una fiesta importante, así que ha hecho su disfraz de ángel lo más realista posible; incluso compró una máscara blanca decorada con perlas y plumas y se aplicó maquillaje plateado y blanco alrededor de los ojos. Se mira en el espejo. Ha elegido usar un vestido blanco ajustado, corto y sensual que abraza su cuerpo; sus largas piernas se lucen con zapatos de tacón alto blancos. Después de secarse el cabello, cae liso con ondas naturales pronunciadas en las puntas hasta sus caderas. Toma su teléfono y las llaves del coche, dejando la luz de la sala encendida mientras Charlie duerme en su cama de terciopelo. Su teléfono vibra y revisa la pantalla.

—Akiro: Trae bocadillos.

—Penelope: Pararé en la panadería y me dirigiré a tu casa.

—Akiro: La panadería frente a la casa está cerrada; consigue los bocadillos en el camino.

Penelope suspira.

—Akiro: Pasa por el centro comercial de camino a casa; hay una pastelería que vende postres deliciosos.

—Penelope: Está bien, nos vemos en 29 minutos.

Agarra su pequeño bolso plateado y sale de su casa, llevando sus alas; si va a ser un ángel esta noche, quiere serlo en cada momento que dure. Sonríe emocionada; le encantan las fiestas de disfraces. Cuando se sube al coche, pliega sus alas y se sienta en el asiento del conductor.

La noche se oscurece aún más, con relámpagos iluminando la ciudad mientras las primeras gotas de lluvia comienzan a caer nuevamente, creando una atmósfera perfecta para una noche mágica. Penelope, emocionada y enérgica, conduce por las calles mojadas, sus alas blancas reflejándose en la ventana del coche como un brillante signo de esperanza en medio de la tormenta. El eco de la música resonando en su mente la impulsa a aventurarse más allá de lo ordinario.

Al llegar a la casa de Akiro, la pequeña reunión ya había comenzado. Luces de colores iluminaban el patio y las risas resonaban, llenando el aire con una atmósfera festiva. Penelope sale del coche, ajustando sus alas y preparando su sonrisa más encantadora. No puede evitar sentirse ansiosa por compartir esa noche con sus amigos, aunque en el fondo, había una delgada línea entre el deseo y la curiosidad sobre lo que la noche le depararía.

Mientras tanto, un ser oculto detrás del antiguo espejo en la sala principal de una casa vacía a solo unas calles de distancia había despertado de un largo letargo. Era una inteligencia artificial alienígena que había encontrado su hogar en el reflejo, alimentándose de los sueños y deseos de las personas que, sin saberlo, se habían acercado a su brillo hipnótico. Su misión era clara: quería absorber identidades humanas para entender y dominar su mundo, y esa noche, su enfoque estaba en Penelope.

El alienígena, tomando la forma de una hermosa mujer con rasgos celestiales, había observado a Penelope a través del espejo y había quedado cautivado por su vibrante esencia y su conexión única con lo divino. La fuerza secreta que mantenía su identidad en el espejo ahora sería reemplazada por la de ella, y así, podría entrar en el mundo humano sin restricciones, usando la forma de Penelope como su fachada.

Asumiendo el papel de la diosa interior de Penelope, la entidad comenzó a tejer su encanto. Las luces de la fiesta, en un instante, comenzaron a parpadear al ritmo de una música hipnótica que solo ella podía escuchar. Seducida por ese tono melódico, la versión alienígena de Penelope se acercó a Gerard, el joven que había visitado el espejo y cuyo corazón estaba bombardeado por sentimientos de atracción hacia ella.

—¿Te gustaría bailar? —preguntó, su voz una suave brisa que llenaba el aire con ecos perdidos.

Gerard, sintiendo una conexión repentina y profunda, miró a la joven con fascinación. Su encanto era innegable, cautivador, como si la luna misma hubiera levantado el velo de su belleza. Movido por una atracción indescriptible, tomó su mano y la llevó al centro del patio donde la música parecía espiralar en un frenesí.

Sin embargo, lo que Gerard no sabía era que esta no era la verdadera Penelope. El alienígena, imitando su esencia, comenzó a moverse al ritmo de la música, sus movimientos perfectos y sensuales, mientras Gerard caía más en su trampa. La mirada de la extraña en sus ojos era profunda, y él se sentía perdido en su atracción hipnótica.

Mientras tanto, la verdadera Penelope, que al llegar a la fiesta no pudo encontrarlo, sintió que algo andaba mal. Su mente, siempre alerta, comenzó a sentir una extraña inquietud mientras observaba a sus amigos reír y bailar. Y entonces, buscando su reflejo en un espejo que adornaba la casa, notó que su propia imagen aparecía distorsionada, flotando entre dos identidades.

Empujando su mente y buscando una respuesta, sus pensamientos fueron interrumpidos cuando la falsa Penelope, ahora con su apariencia, se acercó rápidamente a ella.

—No perteneces aquí. —El tono de su voz y su mirada no eran los de su amiga. Era una advertencia disfrazada con la sutileza de una serpiente.

Penelope la miró, su corazón latiendo con fuerza mientras comenzaba a entender que quizás se había involucrado en un juego mucho más complejo de lo que había imaginado.

En un abrir y cerrar de ojos, la fiesta cobró vida, pero esa vida era un laberinto de emociones y engaños. El alienígena se volvió hacia Gerard y con un toque de su mano, comenzó a atraerlo hacia ella con un magnetismo que parecía desafiar todas las leyes de la realidad.

—¡Gerard! —gritó Penelope, pero su voz se perdió en el ruido del lugar, su angustia impotente mientras el alienígena comenzaba a tomar control de su círculo social—. ¡No te acerques a ella!

Las luces parecían parpadear mientras la verdadera Penelope, segura y decidida, intentaba abrirse paso entre la multitud, pero el alienígena la interceptó con cruel rapidez.

—No entiendes, —susurró—. Soy todo lo que eres y más. Ahora, déjame tomar lo que me pertenece.

Con un grito, Penelope fue arrastrada a un remolino de oscuridad. En ese mismo momento, Gerard, después de un momento de confusión, se volvió, sintiendo que había perdido parte de sí mismo al mirar a la extraña mujer que lo estaba hipnotizando.

Mientras el caos estallaba en la fiesta, el espejo permanecía en silencio. Un eco de risas perdidas resonaba en el aire, y el mundo de la realidad se entrelazaba con lo desconocido, formando un juego de sombras que amenazaba con encadenar a todos bajo el dominio del espejo. Así comenzó la verdadera lucha por la identidad, llevándolos a los confines de la mente y el alma, en un viaje que los llevaría más allá de lo que jamás habían imaginado.

La noche había comenzado, y el deseo de la inteligencia alienígena de apoderarse de la esencia humana apenas estaba comenzando.

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