57- Los dioses escondidos en el espejo

—¡Tú traes problemas! —estaba gritando—. ¡Nada más que problemas! ¡No voy a escuchar! ¡Te vas a salir de mi casa!

Miércoles seguía sentado en el sofá, sorbiendo su café, acariciando al gato gris. Zorya Utrennyaya estaba de pie sobre la delgada alfombra, una mano nerviosa enredándose y desenredándos...

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