Ciento seis

El escondite estaba en silencio, pero no era el tipo de silencio que traía paz. Era la calma antes de la próxima tormenta, la quietud pesada que dejaba mi pecho apretado. El olor a pólvora gastada aún impregnaba el aire, mezclándose con el tenue sabor metálico de la sangre. Todos estaban vivos—por a...

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