Ciento siete

La ciudad portuaria era un laberinto de calles estrechas, bulliciosas a pesar de la hora tardía. Luces de neón parpadeaban sobre los abarrotados puestos del mercado, proyectando reflejos inquietantes en el pavimento mojado por la lluvia. El aire olía a sal, diésel y algo más que no podía identificar...

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