Ciento veintiséis

El bosque era un muro de niebla y sombras, del tipo que engulle el sonido y retuerce las formas en siluetas inquietantes. Nuestros pasos eran amortiguados por el suelo húmedo, pero cada crujido de hojas aún se sentía ensordecedor en el silencio opresivo. Mantenía mi enfoque en la ancha espalda de Ma...

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