Ciento treinta y dos

El silencio antes de la tormenta era casi insoportable. El refugio estaba fortificado, pero la tensión en el aire era un recordatorio de lo frágiles que eran nuestras defensas. Cada crujido de las tablas del suelo, cada susurro distante de los árboles afuera, hacía que mi corazón se acelerara. Elias...

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