Ciento treinta y ocho

El frío del búnker se filtraba en mi piel a medida que la noche avanzaba. El calor de Marcelo aún persistía donde había besado la parte superior de mi cabeza, pero el momento de consuelo se sentía distante ahora, ensombrecido por una creciente inquietud que se apoderaba del grupo. El leve zumbido de...

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