Ciento treinta y nueve

El amanecer era frío e implacable mientras marchábamos hacia el depósito de suministros. Cada paso nos acercaba más al bastión de Malik, y el peso de la misión oprimía mi pecho. La presencia de Marcelo a mi lado era tanto un consuelo como una distracción. Sus palabras anteriores resonaban en mi ment...

Inicia sesión y continúa leyendo