Ciento cuarenta y nueve

La mañana llegó demasiado rápido. Un suave golpe en la puerta me sacó de un sueño inquieto. Mi mente aún estaba atrapada entre los eventos surrealistas de la noche anterior y la incierta realidad en la que había entrado.

—Señorita Mendes, el desayuno es en quince minutos—la voz compuesta de Evelyn ...

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