Ciento sesenta y ocho

La finca se sentía como una olla a presión a punto de explotar. Con la llegada de Elías y Natalia, cada interacción parecía cargada de agendas ocultas y miradas cautelosas. El personal trabajaba en silencio, su tensión palpable. Incluso Marcos, que usualmente era estable y sereno, parecía más alerta...

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