Ciento setenta y cinco

La mañana llegó demasiado rápido. El tenue resplandor del amanecer se filtraba por las ventanas, bañando la biblioteca con una luz suave. Me estiré, el dolor en mis músculos era un recordatorio de la intensidad del día anterior. Víctor ya estaba despierto, sentado junto a la ventana con una taza de ...

Inicia sesión y continúa leyendo