295

La tensión no disminuyó en los días siguientes. Leon permanecía cerca, discreto pero siempre atento. Su presencia pretendía ser tranquilizadora, pero solo servía como un recordatorio constante de que algo andaba mal.

Intenté seguir con mi vida diaria como si nada hubiera cambiado—sonriendo en los m...

Inicia sesión y continúa leyendo