Treinta y cuatro

La noche era fría, y la ligera brisa que entraba por la ventana abierta de mi apartamento no parecía ser suficiente para aliviar el calor sofocante que sentía por dentro. Renata estaba allí, frente a mí, una vez más, después de todo lo que había pasado. El final de nuestra relación parecía inevitabl...

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