Treinta y ocho

Siempre supe lo que quería de Leonardo, y ahora, finalmente, era el momento de conseguirlo. Él no lo sabía, pero ya tenía los hilos de su vida firmemente entrelazados en mis manos, y todo lo que tenía que hacer era tirarlos con destreza. Cuando lo conocí, él solo era un hombre buscando diversión, pe...

Inicia sesión y continúa leyendo