Cincuenta y dos

La mañana pasó en un tenso y silencioso mutismo entre Amelia y yo. Ambos seguimos con nuestras rutinas, tratando de actuar como si nada hubiera pasado, pero el peso de los problemas no resueltos flotaba en el aire. Lo sentía en la forma en que evitábamos mirarnos directamente, como si las palabras q...

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