Sesenta y uno

Marcelo

Estaba de pie en la acera, el viento frío de la noche mordía mi rostro, pero todo lo que podía sentir era el peso aplastante de lo que estaba a punto de hacer. Desde lejos, podía ver a Amelia con Leonardo, los dos saliendo del restaurante con una aparente calma que solo profundizaba el abis...

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