Sesenta y siete

El tren traqueteaba bajo mí, su ruido rítmico era un pobre sustituto para la calma que tan desesperadamente buscaba. Miraba por la ventana, viendo cómo el paisaje se desdibujaba en un lienzo de verdes y marrones apagados. Marcelo estaba sentado frente a mí, silencioso y taciturno, con la mirada fija...

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