Setenta y uno

El latido de mi corazón ahogaba todo lo demás mientras corríamos. El agarre de Marcelo en mi muñeca era firme, tirándome hacia adelante a través del laberinto de callejones. La luz de la mañana proyectaba sombras largas que parecían estirarse y retorcerse con cada giro, como si el propio pueblo inte...

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