Setenta y ocho

El aire nocturno era gélido mientras corríamos, el sonido de los motores acercándose se hacía más fuerte con cada segundo que pasaba. Marcelo iba al frente, sus movimientos rápidos y precisos, como si ya conociera cada giro que debíamos tomar. Leonardo estaba detrás de mí, su presencia era una const...

Inicia sesión y continúa leyendo