Capítulo 5 Buenos días, princesa

—Mis amigas y yo nos preguntábamos si podíamos sentarnos con ustedes, no tenemos una mesa.

Los ojos de ellos brillaron de inmediato y se levantaron con una sonrisa en el rostro.

—Claro que sí, siempre hay lugar para mujeres hermosas.

Soy Darío, este es Valentín, Giovanni y mi hermano Gian.

—Es un placer chicos.

Nosotras nos fuimos presentando a ellos y tomamos asiento aunque la verdad es que yo estaba sumamente incómoda.

Así es como una salida de chicas se había convertido en una salida ¿Sexual? Ni siquiera sé cómo definirla.

Los chicos no dan nada porque sí —o eso suele decir mi tía—, si nos dejaron quedar junto con ellos fue porque quieren algo de nosotras. 

Sexo, probablemente. 

Sé que Soph no tendría problema alguno con eso pero a pesar de que es una de mis mejores amigas yo no me parezco en nada a ella.

Los chicos empiezan con la conversación pero yo me quedo en silencio hasta que Alejandra me llama la atención.

— ¿Qué quieres de beber, Tashie?

—Vodka, por favor.

Ellos piden que nos traigan las bebidas pero yo ya no estoy prestándoles atención. 

Mi atención se enfoca en mi teléfono.

No puedo evitar fruncir el ceño cuando me llega un mensaje muy raro.

—"Eres tan hermosa, sin embargo, deberías saber que eres sólo mía." ¿Qué es esto? —susurré aturdida—. Creo que se equivocaron.

—Tashie ¿No es así? Es un placer conocerte —dijo el último chico al que nos presentaron llamando mi atención nuevamente. 

Él estaba sentado a mi lado.

Mis ojos se alzaron para encontrar los suyos verdes los mismos que me miraban con interés.

—También es un placer conocerte, Gian es un nombre muy bonito.

—Al igual que Tashie, suena muy dulce ¿Qué edad tienes?

—Veinte, dentro de poco cumpliré los veintiuno —le respondí sonriendo ya que Gian, a diferencia del resto parece ser muy dulce—. ¿Y tú, qué edad tienes?

—También tengo veinte.

Los dos nos sumergimos en una conversación larga hasta que Gian me invitó a bailar.

Yo coloqué mi mano sobre la de él antes de que comenzáramos a balancearnos de un lado al otro.

—Es un verdadero alivio que hayan llegado.

Mi hermano estaba analizando a las chicas de la discoteca para invitarlas a acercarse a nosotros. Pero siento que tu eres diferente. 

— ¿En qué sentido? —le pregunté divertida y curiosa a la vez.

—Eres dulce.

No has intentado coquetear conmigo en algún momento. 

— ¿Y eso es malo?

—No, Dios. Todo lo contrario. 

Es muy bueno.

Verás, soy gay pero mi hermano no lo acepta e intenta buscar una chica que me haga cambiar de idea —me dijo sorprendiéndome. 

—Vaya, no me di cuenta.

—Ahora mismo estoy seguro de que está feliz porque estoy aquí contigo.

—Pues algún día debería asimilarlo.

No tienes que hacer nada para hacerlo feliz.

Es tu propia vida.

—Lo sé... ¿Qué sugieres?

— ¿Qué tal si se lo demuestras? No, no creo que sea buena idea, después se enfadará y podría hacer algo que no te guste —dije suspirando. 

Gian me dio la vuelta bailando hasta atraerme a su pecho formando una sonrisa en sus labios.

—No.

Me gusta. 

Tienes razón.

Mi hermano no dejará de molestarme hasta que lo vea con sus propios ojos, gracias por ayudarme Tashie.

Él me suelta y comienza a mirar a nuestro alrededor hasta encontrar a un chico realmente guapo que también lo estaba mirando. 

Estoy a punto de detenerlo y persuadirlo para que no haga nada que pueda causarle problemas pero supongo que él sabe lo que hace.

Doy un suspiro y lo veo alejarse con firmeza hasta que dirijo mi mirada a la mesa.

Los chicos parecen entretenidos con mis amigas.

No quiero presenciar un desastre.

En primer lugar no quería salir pero ahora que estoy aquí atrapada sólo quiero volver a la comodidad de la cama del hotel.

No necesito estar en una discoteca para divertirme en Italia.

Sonrió ladina antes de sacar mi teléfono de mi pequeño bolso y les escribo a las chicas.

— "Estaré recorriendo la ciudad, me aburrí.

No se preocupen por mí.

Sé llegar."

Envié el mensaje y dándole una última mirada comencé a caminar a la salida para buscar un taxi.

Tengo un mapa de la ciudad.

Me gustaría recorrer la ciudad y hacer fotos.

Afortunadamente también tengo mi cámara en mi bolso.

Sonrío ante la nueva aventura que estoy por llevar a cabo aunque también estoy un poco nerviosa. 

Nunca voy sola a ningún lugar.

Supongo que esta será la primera vez.

Pasé mis manos por mis brazos tratando de apartar el horrible frío que comenzaba a calar mis huesos.

Pero de repente siento que algo está mal.

Me pongo nerviosa.

—Siento esto, bebé. Las cosas no debieron pasar así, queda muy poco tiempo —dijeron con rapidez detrás de mí y cuando intenté voltearme alguien colocó un pañuelo en mi nariz.

Luché.

Traté de liberarme pero fue imposible.

Poco a poco sentí cómo mi lucidez se desvanecía hasta que mis piernas cedieron y esta persona me sostuvo de no caer al suelo.

—Lo entenderás, juro que algún día lo harás —ese susurro fue lo último que escuché antes de quedarme al fin dormida.

Parpadeo atontada después de que luché para que mis ojos se abrieran finalmente.

Todo lo que hay en este lugar es simplemente hermoso.

— ¿Qué hago aquí?

¿Dónde estoy? —me pregunté a mí misma mediante un susurro al mismo tiempo que echaba una mirada alrededor del lugar.

Nada parece ser conocido para mí, la habitación es blanca y en todos lados se encuentran detalles dorados que claramente son carísimos y es en este momento cuando el pánico me golpea dejándome sin aliento recordando lo que había sucedido antes de que mi mundo se oscureciera perdiendo el conocimiento.

Dejé a las chicas en la discoteca para dar un tour por la ciudad pero antes de que siquiera pudiera irme alguien me sorprendió durmiéndome.

Mi corazón comenzó a latir con rapidez y miedo.

¿Por qué lo habían hecho?

¿Por qué yo había dejado a las chicas para hacer algo tan arriesgado?

—Tengo que salir de aquí —murmuré con firmeza levantándome de la cama.

Como una fiera me dirigí hasta la puerta golpeándola.

— ¡Ábranme! ¡Déjenme salir de aquí! 

No sé cuánto tiempo estuve haciendo lo mismo pero hubo un momento donde finalmente la puerta se abrió dejándome ver un rostro conocido.

El mismo que no me había quitado de la cabeza desde que nos vimos en la galería.

Mi corazón se apretó de inmediato reconociéndolo.

—Tú... —susurré perdida.

—Buenos días, princesa —me saludó con una sonrisa y dentro de mí, la rabia estalló finalmente.

Capítulo anterior
Siguiente capítulo